INTEGRACION REGIONAL Y ORDENAMIENTO TERRITORIAL |
LA MARCHA DEL PROCESO DE INTEGRACION
En la década de los noventa los países
latinoamericanos han tomado decisiones firmes en cuanto a la integración subregional y a
impulsar una mayor apertura externa. Los intentos integracionistas del pasado se llevaron
a cabo siguiendo las políticas que impuso el modelo sustitutivo de importaciones, cuya
propuesta de crecimiento se basaba en la protección a la producción industrial nacional
y en la demanda interna como motor del desarrollo. En la actualidad el proceso de
integración se desenvuelve bajo una concepción diferente: la apertura de las economías
regionales y la competencia por los mercados como necesidad para lograr el crecimiento;
desde esta perspectiva, el proceso de producción debe orientarse hacia el escenario
mundial.
En el continente americano se han concretado varios acuerdos de
integración, siendo el NAFTA y el MERCOSUR los de mayor importancia. El Mercado Común
del Sur (MERCOSUR) agrupa a la Argentina junto a Brasil, Paraguay y Uruguay.
El MERCOSUR incluirá a Chile en el corto plazo, porque lo considera
partícipe del proceso de integración regional.
El "Programa de Cooperación e Integración
Económica", suscripto por la Argentina y Brasil en 1986, afirma la voluntad
de alcanzar la interconexión de ambas economías nacionales en diversos rubros y de
mejorar la interconexión fronteriza. El proceso iniciado se fué acelerando mediante
actas y tratados posteriores, y Uruguay y Paraguay tomaron la decisión de unirse al
mismo. El avance de las iniciativas culminó con la firma del "Tratado de
Asunción", el 27 de marzo de 1991, mediante el cual se creó el MERCOSUR.
La Argentina lo ratificó por Ley 23.981. El objetivo central de este nuevo instrumento
legal es la conformación de un mercado común, a partir del 31 de diciembre de 1994. Ello
significa, fundamentalmente, la libre circulación de los factores productivos y la
compatibilización de políticas.
El "Tratado de Paz y Amistad" firmado por
Argentina y Chile en 1978, constituyó una importante manifestación de la tendencia a la
apertura y a la integración, sentó las bases de un "Acuerdo Amplio de Cooperación
Económica", celebrado en 1991 entre ambos países. Los objetivos acordados entre
otros, contemplan la integración energética; la construcción de corredores comerciales;
la complementación económica, que incluye el traslado de productos para la exportación
a terceros países mediante el uso de puertos chilenos; el avance en la integración
física y el desarrollo de proyectos de interés común.
Las decisiones políticas enunciadas definen un proceso de integración
para un desarrollo regional conjunto e implican importantes cambios estructurales de
nuestras sociedades nacionales y regionales, como así también permiten esbozar
hipótesis sobre las posibles transformaciones territoriales que ya han empezado a
manifestarse.
El ordenamiento territorial es esencial a la hora de formular
políticas de desarrollo e integración en el contexto regional y continental, de acuerdo
al modelo actual, que valoriza positivamente los cambios, como: la revolución
científica-tecnológica; la reestructuración del Estado; la privatización de las
actividades productivas y de servicios y la globalización de la economía, entre otros.
Hoy toman fuerza los principios de competitividad, libertad de mercado,
superación individual, equidad, solidaridad, conceptos que deben ser incorporados en las
políticas de ordenación del espacio para tender a un desarrollo socialmente equitativo y
ambientalmente sostenible, además de constituir los marcos adecuados necesarios para
disminuir los desequilibrios sociales y regionales en nuestro territorio y consolidar la
integración regional.